Páginas

.

.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Informe de Estados Unidos sobre torturas y desaparecidos en Argentina

Mensajes confirman que EEUU sabía de las desapariciones en Argentina. Los nuevos documentos desclasificados por la CIA muestran que la embajada norteamericana le informó al entonces presidente Jimmy Carter sobre los horrores de la dictadura Argentina.
Los nuevos archivos desclasificados por la CIA y la Secretaría de Estados Unidos revelan detalles sobre los "objetivos de eliminación" durante la Operación Cóndor en Argentina, y demuestran lazos entre el mandatario norteamericano Jimmy Carter y los dictadores argentinos.
El embajador Zbigniew Brzezinski le escribió a Carter que una fuente le había confiado que se estaba utilizando un poderoso anestésico denominado ketalar para que los prisioneros perdieran rápidamente la conciencia (vía intravenosa), luego eran arrojados a los ríos u océanos.
En el documento se explica que en 1978 desaparecieron 55 personas por mes, en 1977 el número habían sido 180 y el año anterior 300. No se sabía cuantas de ellas habían sido liberadas y cuantas exterminadas.
Métodos de tortura
En el memo se explica en detalle la tortura a Alfredo Bravo (agosto 1978), presidente de la Asamblea por los derechos Humanos en el país.
Bravo "fue sometido a un tratamiento de inmersión, en el que sus pies fueron colocados en un balde con agua helada, hasta que se congelaron, y luego se cambiaba el balde por uno con agua hirviendo". También le dieron choques eléctricos y se le sumergió la cabeza bajo el agua hasta que casi se ahogaba.
Cabe aclarar quien fue Alfredo Bravo.
Alfredo Bravo fue un político socialista argentino; maestro, fundador del sindicato docente CTERA, militante por los derechos humanos y legislador en las últimas décadas del siglo XX.

lunes, 12 de diciembre de 2016

"Una Carta por Milagro"

Desde el Frente de Comunicadores Populares por la Expresión de los Pueblos nos sumamos a la campaña "Una Carta por Milagro", impulsada por nuestro compañero Ignacio Campos. 

La Asociación de Comunicadores de Argentina por Internet (ACAPI), convoca a las organizaciones políticas, sociales, religiosas, y a la ciudadanía en general a  sumarse a la campaña “Una carta por Milagro, por una navidad sin presos políticos”. La misma consiste en enviarle la carta que a continuación reproducimos al presidente Mauricio Macri, a la siguiente dirección: Balcarce 50, CP: C1064AAB, para exigirle el inmediato cumplimiento de la Resolución 31/2016 del Grupo de Trabajo de Naciones Unidas, como también de los pedidos realizados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y 27 miembros delParlamento Europeo, en reclamo de la liberación inmediata de la dirigente de la Túpac Amaru, y diputada electa del Parlasur, Milagro Sala, -primera presa política del actual gobierno-, quien lleva más de 300 días detenida arbitrariamente en el Penal de Alto Comedero, en Jujuy, como también la de sus compañeros y compañeras detenido/as. 

 Buenos Aires, 13 de Diciembre de 2016

Al Señor Presidente de la Nación

Ing. Mauricio Macri

S. / D.

Nos dirigimos a usted a fin de hacerle llegar nuestra inquietud y creciente preocupación democrática y ciudadana ante la arbitraria detención y encarcelamiento que ya superó los 300 días, de la dirigente social y diputada electa del Parlasur,  Milagro Sala, y la consecuente negativa de Usted y su Gobierno, de cumplir con la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (aprobada en la Novena Conferencia Internacional Americana en Bogotá, Colombia, 1948), la Declaración Universal de los Derechos Humanos (aprobada y proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas, el 10 de diciembre de 1948), y la Convención Americana de Derechos Humanos (aprobada por ley 23.054), todos éstos Tratados Internacionales de Derechos Humanos con Jerarquía Constitucional, que forman parte de la Constitución de la Nación Argentina, tras la reforma del año 1994.

Por este motivo, y con el respaldo inalienable de nuestra Carta Magna, es que le exigimos el cumplimiento urgente de la Resolución 31/2016 del Grupo de Trabajo de Naciones Unidas, cuya publicación data del pasado 21 de octubre del corriente año, donde, entre otros aspectos, expresa que: “La detención preventiva de Milagro Sala desde el pasado 16 de enero es arbitraria, violatoria de los estándares del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, del cual Argentina forma parte, y se exige por tal motivo su inmediata liberación”.

Más aún la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), urge al Estado de Argentina dar pronta respuesta al pedido formulado por el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas.

Es de destacar, además, que no sólo innumerables figuras reconocidas internacionalmente reclaman por la liberación de la dirigente social Milagro Sala, injustamente detenida en condiciones nada favorables para su salud física y mental, sino que a éstos pedidos de liberación de la misma, hay que sumarle entre otros organismos, el de Amnistía Internacional y el realizado por 27 representantes del Parlamento Europeo, que a través de una carta fechada el pasado 21 de enero del corriente año, le solicitó a Usted, en calidad de Presidente de la Nación, y también al gobernador de la provincia de Jujuy, Contador Gerardo Morales, la inmediata liberación de la diputada electa del Parlasur, asegurando que: “La detención de la Sra. Sala es una violación a los derechos de libertad de expresión y manifestación de una representante del pueblo que forma parte del Parlasur, y la misma implica una clara violación de los Derechos Humanos en la Argentina”.

Concluimos exhortando el espíritu democrático y republicano del que Usted dice envestirse, y desde el cual debe velar por los derechos y obligaciones de cada uno de los habitantes de este suelo.

viernes, 18 de noviembre de 2016

La globalización se agota, es la hora de los Brics

Por Emir Sader (*) - Cuando triunfó en la guerra fría, el bloque occidental, comandado por EEUU, anunció que la historia llegaba a su puerto final. Habría acontecimientos, pero nada fuera de la economía capitalista de mercado y de la democracia liberal. Ese era el fin de la historia.
La globalización neoliberal se encargaba de hacer universales esos esquemas económicos y políticos. La Pax americana se imponía. Pero el paso de un mundo bipolar a un mundo unipolar bajo la hegemonía imperial norteamericana no trajo ni paz, ni desarrollo económico. Al revés, se han multiplicado los focos de guerra y la recesión económica se ha globalizado.
La crisis recesiva en el centro del sistema, empezada en 2008, no tiene ni plazo, ni forma de terminar. Las políticas de austeridad asumidas por todos los países europeos son máquinas de generación de inestabilidad social y política, quitando legitimidad a los sistemas políticos y a los partidos tradicionales.
El Brexit fue una expresión más evidente del malestar provocado por la globalización, del que la elección de Donald Trump es una confirmación. Se generaliza el rechazo a los efectos de la globalización neoliberal. Los gobiernos y partidos que insisten en esa dirección son sistemáticamente derrotados. La crisis de agotamiento de la globalización lleva consigo también a la democracia liberal, que pierde legitimidad al no expresar los sentimientos de la mayoría de la población.
El fin de la historia desembocó en el fin del neoliberalismo, con un horizonte de su superación representado por los Brics. Más que una agrupación de países, los Brics han empezado a dibujar un nuevo orden económico y político internacional, para sustituir a aquella construida al final de la segunda guerra mundial, basada en el Banco Mundial, en el FMI y el dólar.
Cuando la globalización muestra sus límites, condena a las economías a un estancamiento sin fin, provoca la pérdida de los sistemas políticos asentados en ella, es un período histórico que se cierra. En lugar de lo que tantos hablaban sobre un supuesto fin de ciclo de los gobiernos progresistas de América Latina, lo que se da es un final de ciclo en carne propia, con la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea y los cuestionamientos que Donald Trump hace a los Tratados de Libre Comercio y a otros pilares de la globalización.
La globalización se ha agotado sin lograr que la economía mundial volviera a crecer, al contrario, naturalizando la recesión en escala mundial. Tampoco logró disminuir los conflictos en todo el mundo, al contrario, los multiplicó.
El mundo que surge del Brexit, de la elección de Trump, de la profunda crisis de la Unión Europea y, sobretodo, de los Brics, es un mundo de transición entre el de la globalización comandada por los EEUU y su modelo neoliberal, y el que apunta hacia mecanismos de reactivación del desarrollo, de la resolución negociada de los conflictos internacionales, de fortalecimiento de los Estados nacionales y de los procesos de integración regional y de intercambio Sur-Sur.
En ese momento, América Latina tiene, más que nunca, que profundizar sus procesos de integración y, sobretodo, acercarse a los Brics, a su Banco de Desarrollo y su fondo de reservas. Buscar, al contrario, retomar lazos privilegiados con EEUU es hacer el camino opuesto, es condenarse a la recesión, alejarse de los focos dinámicos de la economía mundial, volverse intranscendentes, como había ocurrido en los años 1990.
Precisamente en el momento de agotamiento de la globalización y del modelo neoliberal en escala mundial, Argentina y Brasil reanudan ese modelo, después de su fracaso en esos mismos países, en los años 1990. Una señal más de que se trata de opciones contrarias a la dinámica del mundo en el siglo XXI.

(*) sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Fuente: Nodal

domingo, 13 de noviembre de 2016

El otro fin de ciclo

Por Atilio A. Boron - En el último año hablar del “fin del ciclo progresista” se había convertido en una moda en América latina. Uno de los supuestos de tan temeraria como infundada tesis era la continuidad de las políticas de libre cambio y de globalización comercial impulsadas por Washington desde los tiempos de Bill Clinton y que, pensaban, serían continuadas por su esposa Hillary para otorgar sustento a las tentativas de recomposición neoliberal en curso en Argentina y Brasil. Enfrentados al tsunami Trump se miran desconcertados y muy pocos, tanto aquí como en Estados Unidos, logran comprender lo sucedido. Hablan de la “sorpresa” del martes a la madrugada, pero como observaba con astucia Omar Torrijos, en política no hay sorpresas sino sorprendidos. Veamos por qué.
Primero, Hillary Clinton hizo su campaña proclamando su orgullo por haber colaborado con la Administración Barack Obama, sin detenerse un minuto a pensar que la gestión de su mentor fue un verdadero fiasco. Sus promesas del “Sí, podemos” quedaron rápidamente sepultadas por las intrigas y presiones de lo que los más agudos observadores de la vida política estadounidense denominan “el gobierno invisible”. Sus tentativas reformistas en el plano doméstico naufragaron sistemáticamente, y no siempre por culpa de la mayoría republicana en el Congreso. Su intención de cerrar la cárcel de Guantánamo se diluyó sin dejar mayores rastros y Obama, galardonado con un inmerecido Premio Nobel, careció de las agallas necesarias para defender su proyecto y se entregó sin luchar. Otro tanto ocurrió con el “Obamacare”, la malograda reforma del absurdo y carísimo e ineficiente sistema de salud de Estados Unidos, fuente de encendidas críticas sobre todo entre los votantes de la tercera edad. No mejor suerte corrió la reforma financiera, luego del estallido de la crisis del 2008 y que, pese a la hojarasca producida por la Casa Blanca y distintas comisiones del Congreso, siguió dejando en pie la impunidad del capital financiero para hacer y deshacer a su antojo. Mientras, los ingresos de la mayoría de la población económicamente activa registraban -no en términos nominales sino reales- un estancamiento de más de veinte años las ganancias del uno por ciento más rico de la sociedad norteamericana crecieron astronómicamente. Tan es así que un autor como Zbigniew Brzezinski, tan poco afecto al empleo de las categorías del análisis marxista, venía hace un tiempo expresando su preocupación porque los fracasos de la política económica de Obama encendiese la hoguera de la lucha de clases en Estados Unidos. En realidad esta venía desplegándose con toda fuerza desde comienzos de los noventas sin que él se diera cuenta. En materia de reforma migratoria Obama tiene el dudoso honor de haber sido el presidente que más migrantes indocumentados deportó, incluyendo un exorbitante número de niños que querían reunirse con sus familias. En resumen, Clinton se ufanaba de ser la heredera del legado de Obama, y aquél había sido un desastre.
Pero, segundo, el legado de Obama no pudo ser peor en política internacional. Se pasó ocho años guerreando en los cinco continentes, y sin cosechar ninguna victoria. Al contrario, la posición relativa de Estados Unidos en el tablero geopolítico mundial se debilitó significativamente a lo largo de estos años. Por eso fue un acierto propagandístico de Donald Trump cuando utilizó para su campaña el slogan de “¡Hagamos que Estados Unidos sea grande otra vez!” Obama propició golpes militares en América Latina (en Honduras, Ecuador, Paraguay) y envió al Brasil a Liliana Ayalde, la embajadora que había urdido el golpe contra Lugo para hacer lo mismo contra Dilma. Atacó a Venezuela con un estúpido decreto diciendo que el gobierno bolivariano era una amenaza excepcional a los intereses y la política exterior de Estados Unidos. Reanudó las relaciones diplomáticas con Cuba pero no hizo nada para acabar con el bloqueo. Orquestó el golpe contra Gadaffi inventando unos “combatientes por la libertad” que resultaron ser mercenarios del imperio. Y Hillary merece la humillación de haber sido derrotada por Trump aunque nomás sea por su repugnante risotada cuando le susurraron al oído, mientras estaba en una audiencia, que Gadaffi había sido capturado y linchado. Luego de eso, Obama y su Secretaria de Estado repitieron la operación contra Bashir al Assad y destruyeron Siria al paso que, como confesó la Clinton, “nos equivocamos al elegir a los amigos” y dieron origen al tenebroso Estado Islámico. Declaró una guerra económica no sólo contra Venezuela sino también contra Rusia e Irán, aprovechándose del derrumbe del precio del petróleo originado en el robo de ese hidrocarburo por los jihadistas que ocupaban Siria e Irak. Y para contener a China desplazó gran parte de su flota de mar al Asia Pacífico, obligó al gobierno de Japón a cambiar su constitución para permitir que sus tropas salieran del territorio nipón e instaló dos bases militares en Australia para, desde el Sur, cerrar el círculo sobre China.
Con Trump en la Casa Blanca la globalización neoliberal y el libre comercio pierden un aliado crucial. El magnate se manifestó en contra del TPP, habló de poner fin al NAFTA, y se declaró a favor de una política proteccionista, a la vez que propone un acuerdo con Rusia para estabilizar la situación en Siria. Los gobiernos que se ilusionaban pensando que el futuro de nuestro países pasaría por “insertarse en el mundo” vía libre comercio (TTP, Alianza del Pacífico, Acuerdo Unión Europea-Mercosur) más les vale vayan aggiornando su discurso y comenzar a leer a Alexander Hamilton, primer Secretario del Tesoro de Estados Unidos, y padre fundador del proteccionismo económico. Sí, se acabó un ciclo: el del neoliberalismo, cuya malignidad convirtió a Europa en una potencia de segundo orden e hizo que Estados Unidos se internara por el sendero de la decadencia imperial. Paradojalmente, la elección de un xenófobo y misógino millonario norteamericano podría abrir, para América Latina, insospechadas oportunidades para romper la camisa de fuerza del neoliberalismo y ensayar otras políticas económicas. Como diría Eric Hobsbawm, se vienen “tiempos interesantes.”

Fuente: Página 12

sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Se termina la globalización?

Por Thierry Meyssan - Durante una importante reunión del Consejo de Seguridad de la ONU realizada el 28 de octubre –reunión que la prensa occidental ha preferido no mencionar–, Estados Unidos se negó a aceptar que la ONU coopere con las organizaciones regionales en las que figuren Rusia y, de hecho, China. Al negarse a aceptar toda cooperación con esos países, negándose por consiguiente a aceptarlos como iguales, Washington opta por la división del mundo en dos bandos y pone fin a la globalización económica.
Moscú convocó una reunión especial del Consejo de Seguridad de la ONU, realizada el 28 de octubre de 2016, sobre las posibilidades de cooperación entre la ONU y las organizaciones regionales. Como presidente del Consejo de Seguridad, el embajador Vitali Churkin había invitado a los secretarios generales de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), el ruso Serguei Ivanov; de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), el general ruso Nikolai Bordyucha; y de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), el tayiko Rashid Alimov.
Los tres secretarios generales expusieron ante el Consejo de Seguridad el trabajo que realizan esas organizaciones: la CEI se ocupa de la cooperación entre los Estados de la antigua Unión Soviética; la OTSC es una alianza militar; y la OCS trabaja a favor de la cooperación regional para estabilizar el Asia Central. Y resaltaron sus aportes a la ONU en la lucha contra el tráfico de droga y contra el terrorismo, dos temas que la retórica internacional señala unánimemente como prioritarios en momentos en que todos saben que son dos males generados y controlados por Estados Unidos.
Todo había comenzado bien y los embajadores de los países miembros del Consejo de Seguridad se felicitaban por aquella bocanada de aire fresco. Pero el clima de la reunión cambió drásticamente con las intervenciones de los embajadores de Ucrania y Estados Unidos. Para evitar que esas tres organizaciones vengan a modificar el actual monopolio de la OTAN y la Unión Europea, los representantes de Ucrania y Estados Unidos acusaron a Rusia de todo tipo de crímenes y denunciaron las tres organizaciones regionales como pantallas del expansionismo ruso. La embajadora de Estados Unidos concluyó que no es por consiguiente posible plantear ningún tipo de cooperación entre la ONU y esas organizaciones, entre las que se encuentra la Organización de Cooperación de Shanghai, lo cual equivale a rechazar también la cooperación con China.
Se reedita así la posición que el mundo ya pudo verse anteriormente durante la conferencia Ginebra 2: en teoría, todos están unidos contra el terrorismo; pero en realidad, Washington no considera el terrorismo como una prioridad y da más importancia a las exigencias de su propio imperialismo. La diferencia es que en esta reunión del Consejo no se trataba de agredir a Siria. Lo que Washington acaba de hacer es asestar una bofetada a Rusia y China.
Así paga el mundo la enorme ambigüedad que rodea la lucha contra el terrorismo desde el año 2001. Y es importante recordar que el terrorismo no es un enemigo sino una forma de lucha a la que recurre el enemigo.
Washington cierra, por lo tanto, la única puerta de salida que se le mantenía abierta. La administración Obama se niega así a reconocer el desarrollo de Rusia, primera potencia militar en materia de guerra convencional, y de China, la primera potencia económica. Se niega a permitir que se modifique la organización unipolar del mundo impuesta a partir de la operación «Tormenta del Desierto», en 1991, y prosigue sus guerras en el Levante y Ucrania solamente para cortar las dos vías de abastecimiento terrestre de China hacia Europa occidental.
Como está consciente de que su posición es insostenible a corto plazo y no desea una guerra mundial, Washington se prepara para dividir el mundo en dos bandos. Pero tampoco quiere un regreso a la guerra fría, donde el mundo era una sola entidad que contaba con dos administraciones. Lo que Washington desea es una nueva estructuración: de un lado, un mundo unipolar gobernado únicamente por Estados Unidos; del otro lado, Estados independientes e insumisos que cooperan entre sí alrededor de Rusia y China; y la menor cantidad posible de contacto entre esos dos mundos. Esta estructuración implica el fin del libre comercio mundial, el fin de la organización del comercio a escala mundial, el fin de la globalización económica y, por consiguiente, un gigantesco retroceso.
Si Washington persistiera en marchar en esa dirección, tendría que acabar retirándose militarmente de Siria y permitiendo el regreso de la paz a ese país –exceptuando la frontera iraquí, donde mantendrá bloqueada la ruta de la seda. Por causa, esta vez, de Estados Unidos, una barrera infranqueable caería sobre el mundo dividiendo la Humanidad tal y como el Muro de Berlín dividió la población de la ciudad que había sido la capital de toda Alemania, separando familias enteras por más de medio siglo. Para los sirios que salieron de su país huyendo de los yihadistas, eso haría muy difícil el regreso a su país y el reencuentro con sus familiares. Para los occidentales, será imposible pasar las vacaciones en Moscú y quizás hasta la compra de ordenadores chinos.

Fuente: Motor Económico

viernes, 11 de noviembre de 2016

Las 7 propuestas de Donald Trump que los grandes medios censuraron... y que explican su victoria

Por Ignacio Ramonet - El éxito de Donald Trump (como el "Brexit" en el Reino Unido, o la victoria del "no" en Colombia) significa primero una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes y de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinion. Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba. Los naipes de la geopolitica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es lo 'desconocido'. Ahora todo puede ocurrir.
¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña ? Este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ya había desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano, y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.
Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el Brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.
Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencias, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un caracter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo « politicamente correcto », que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la « palabra libre » de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.
A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la « rebelión de las bases ». Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos, y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.
Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un «conservador con sentido común» y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archipopular de la telerealidad, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado piloteando. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la « casta ». Y promete inyectar honestidad en el sistema ; renovar nombres, rostros y actitudes.
Los medios han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o ubuescas. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son "corruptos, delincuentes y violadores". O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándoles a México. O su propuesta, inspirada en « Juego de Tronos », de construir un muro fronterizo de 3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21 mil millones de dólares sería financiado por el gobierno de México. En ese mismo orden de ideas : también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes...Y atacó con vehemencia a los padres de un militar estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004, en Irak.
También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es "la base de una sociedad libre", y su critica de la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas "leyes de libertad religiosa", impulsadas por los conservadores en varios Estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el "engaño" del cambio climático que, según Trump, es un concepto "creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad".
Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios dominantes no solo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se hacía era : ¿ cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados ? Algo no cuadraba.
Para responder a esa pregunta tuvimos que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir los siete puntos fundamentales que defiende, silenciados por los grandes medios.
1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: « No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación » . En un tweet reciente, por ejemplo, escribió: « Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%. »
Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros : The Washington Post, Politico, Huffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito...
2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron. 3) Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. « Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país. », suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.
Partidario del Brexit, Donald Trump ha desvelado que, una vez elegido presidente, tratará de sacar a EE.UU. del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo: « El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos. »
En regiones como el rust belt, el «cinturón del óxido» del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo.
4) Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica del 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir. Tump ha prometido no tocar a estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los « sin techo », reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.
5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.
6) En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la Organización Estado islámico (ISIS por sus siglas en inglés). Aunq
ue para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.
7) Trump estima que con su enorme deuda soberana, los Estados Unidos ya no disponen de los recursos necesarios para conducir una politica extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no pueden imponen la paz a cualquier precio. En contradiction con varios caciques de su partido, y como consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN: « No habrá nunca más garantía de una protección automática de los Estados Unidos para los países de la OTAN. »
Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables, odiosas y a veces nauseabundas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios dominantes. Pero sí explican mejor el por qué de su éxito.
En 1980, la inesperada victoria de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar el planeta en un Ciclo de cuarenta años de neoliberalismo y de globalización financiera. La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo Ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le Pen – es el 'autoritarismo identitario'. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo.
 
Cuenta de Facebook del autor, ex director de Le Monde Diplomatique

jueves, 10 de noviembre de 2016

Restauración neoliberal y el desafío de la desigualdad social en la región

Por Andrés Mora Ramírez - El camino que ahora emprenden Mauricio Macri en Argentina y Michel Temer en Brasil, aplaudido por la derecha criolla y que se nos presenta como el único futuro posible, no es otra cosa sino la regresión a un pasado empobrecedor y excluyente: tal es la utopía perversa que hoy enuncian los ideólogos del capitalismo salvaje.
La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) acaba de publicar un valioso informe titulado La matriz de la desigualdad social en América Latina, en el que, partir de la conceptualización de la desigualdad como fenómeno complejo, histórico y estructural de nuestros países, y con el apoyo de los datos estadísticos, profundiza en el análisis de algunas dimensiones o “ejes estructurantes de la profunda y persistente desigualdad social que caracteriza a nuestra región”, a saber: la condición socioeconómica (la clase social); las desigualdades étnicas y raciales y su relación con las desigualdades de género; las desigualdades a lo largo del ciclo de vida; y las desigualdades territoriales.
La divulgación de este documento llega en un momento oportuno, toda vez que, en un contexto regional signado por el avance de la restauración conservadora y neoliberal, las acciones políticas y económicas de las fuerzas de derecha que han llegado al poder –unos por la vía de las elecciones y otros por el golpismo de nuevo patrón- amenazan seriamente la sostenibilidad de los avances en materia de desarrollo social y humano alcanzados durante los últimos 15 años, especialmente por los gobiernos progresistas y nacional-populares.
CEPAL reconoce que la reducción de la desigualdad alcanzada en períodos recientes tuvo un fuerte componente de voluntad y decisión política, en contexto económico favorable para América Latina, toda vez que “los gobiernos de los países de la región dieron una alta prioridad a los objetivos de desarrollo social y promovieron políticas activas de carácter redistributivo e incluyente”. En efecto, entre los años 2000 y 2014 la pobreza bajó sustancialmente, al pasar de un 43,9% a un 28,2%; en tanto que la indigencia o pobreza extrema se redujo de un 19,3% a un 11,8%, en virtud del “aumento de los ingresos de los hogares a causa de la mejora del mercado de trabajo (disminución de la tasa de desocupación, aumento de los ingresos laborales e incremento de la formalización y de la participación laboral de las mujeres) y por la expansión del gasto público social y de las políticas de lucha contra la pobreza, entre ellas, las transferencias monetarias”.
Sin embargo, esto todavía no es suficiente, y se requieren cambios de más hondas repercusiones en nuestras sociedades. “Como muestra la experiencia histórica y reciente de América Latina y el Caribe -dice el informe-, si bien el crecimiento económico es un factor fundamental para la reducción de la pobreza, la desigualdad puede limitar significativamente ese proceso. Sin un cambio en la distribución del ingreso, incluso los altos niveles de crecimiento son insuficientes para reducir la pobreza en forma sostenible”.
Frente a esta realidad, que afecta con mayor dureza a los indígenas, a los afrodescendientes; a las mujeres, a los niños y adultos mayores; y a los jóvenes excluidos de los sistemas educativos y precarizados en los mercados de trabajo, CEPAL formula ocho recomendaciones -a manera de desafíos- para los gobiernos latinoamericanos:

1) articular la política económica, la ambiental y la social, “supone lidiar con la cultura y la economía política de los intereses que históricamente han dificultado este tipo de transformaciones en la región”;

2) desarrollar políticas públicas con enfoque de derechos y ciudadanía social, esto es, “que todas las personas, por el solo hecho de ser parte de la sociedad, tienen pleno derecho a acceder al bienestar social”;

3) construir políticas de desarrollo bajo el principio de universalidad sensible a las diferencias, “para romper las barreras de acceso a los servicios sociales y al bienestar que enfrentan las personas que se encuentran en condiciones de pobreza o vulnerabilidad, las mujeres, los afrodescendientes, los pueblos indígenas, las personas que residen en áreas rezagadas, las personas con discapacidad y los migrantes, así como los niños, los jóvenes y los ancianos”;

4) el fortalecimiento de la institucionalidad social, con miras a “reforzar la sostenibilidad de las políticas sociales como políticas de Estado y no solo de gobierno;

5) la promoción de la cohesión territorial por medio de políticas sociales;

6) la mejora en las bases de datos y los indicadores estadísticos para la toma de decisiones;

7) la protección del gasto social y el resguardo de los ingresos tributarios frente a “una elite activa y con poder de veto” en nuestros países, que se opone sistemáticamente al pago de impuesto; y por último,

8) la necesidad de “transitar de la cultura del privilegio a una cultura de la igualdad”, que restituya la igualdad y dignidad de “aquellos cuyos derechos sociales han sido vulnerados durante siglos y que se han visto invisibilizados, en condiciones de exclusión y segregados por un sistema que favorece los privilegios de unos en desmedro de otros”.

Lo social sigue siendo el gran horizonte emancipador de nuestra época. Por eso, con todas las limitaciones y errores que se les pueda señalar, debe reconocerse que fueron los gobiernos progresistas y nacional-populares los que empezaron a andar un vía diferente en el combate de la pobreza y la desigualdad, lejos del dogmatismo economicista de los neoliberales, propia de los años 1990.
Y también fueron ellos quienes dieron pasos, más o menos consistentes, en la dirección que sugiere CEPAL. Por el contrario, el camino que ahora emprenden Mauricio Macri en Argentina y Michel Temer en Brasil, aplaudido por la derecha criolla y que se nos presenta como el único futuro posible, no es otra cosa sino la regresión a un pasado empobrecedor y excluyente: tal es la utopía perversa que hoy enuncian los ideólogos del capitalismo salvaje.

(*) Académico e investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos y del Centro de Investigación y Docencia en Educación, de la Universidad Nacional de Costa Rica.